Si bueno, es una de las conclusiones a las que he llegado tras pasar mi primer día en la universidad, aparte de que, en el caso de los que estamos en la carrera de Obras Públicas, ha sido un cachondeo total pero flipante.
Pero voy a contaros la historia desde el comienzo. Me despierto allá a las 7 de la mañana, con la intención de quedar con Guillem en la parada de la gasolinera. Hasta ahí va bien la cosa, solo hay sueño y unos pocos nervios. Luego, pagamos y tal y cual y todo eso y ya, tres cuartos de hora más tarde llegamos al campus.
Yo me bajé, con otros dos colegas, y nos fuimos en busca de las clases que nos tocaban. Aunque yo lo tuviese claro y David (uno de ellos) también lo tuviera situado más o menos en mente, el otro, Pablo, pues no estaba muy enterado. Entonces nos ha tocado ir hasta la Politécnica I (a unos 5 min a pie) para que una señora (a saber si era una profesora o la señora de la limpieza) nos dijera que sin gafas no veía y que le teníamos que decir lo que pusiese. Total, que al final terminamos por ir a la Politécnica IV (desde un principio yo convencido de ello), y ahí nuestros caminos se bifurcaron: él con su Arquitectura supermegaguay del Paraguay y yo con la asignatura que todo el mundo dice que es chunga pero que en realidad no tienen ni puta idea de lo que dicen, Obras Públicas.
Pues hasta ahí yo estaba bien, me fui a la clase, y estaba yo solo, obviamente, ya que la primera clase (Mecánica) empezaba a las 9 y por aquel entonces eran las 8 y media. Además, ya había conocido a otro coleguilla, Alberto y estábamos nosotros muy contentos porque estábamos comentando el súper horario que teníamos.
Aquí es cuando todo comienza a torcerse. No del todo, pero se nos jode bastante el día, eso hay que decirlo. Pues resulta que llegó otro que también iba a hacer Obras Públicas, de nombre Jose Enrique (Quique, más corto). El chico llegaba con las clásicas preguntas de "Oye, ¿a tí te toca en esta clase también? ¿De Obras Públicas no? ¿Tal grupo no?", pero él llegó más lejos, tenía que ser especial. Tanto, que nos dijo que le diesemos un horario. "¿Para qué coño quiere este ahora un horario? ¿No se fía de nosotros o qué?". Total, se lo damos y nos suelta: "Tú sabes que este horario está mal, ¿verdad? Es que aquí no están puestas las prácticas".
¡Vete a tomar por culo! ¡Ya decía yo que este horario era demasiado bueno para ser verdad, con los jueves libres y los viernes viniendo una hora solamente! Pero bueno, aún así yo me lo tomé con dignidad, ya que me lo esperaba más o menos; aunque no se pudo decir lo mismo con Alberto. El pobre estaba ya hecho polvo con aquella noticia que le habían dado, y aún no habíamos ni empezado la primera clase. Más tarde comenzaron llegando los demás del supuesto grupo que teníamos.
Se hicieron las 9... y el profesor no llegaba. Las 9 y media, y es entonces cuando nos dicen que el profesor que teníamos de mecánica no está. Oséase, que no teníamos mecánica y habíamos llegado pronto para nada. A tal cosa, Quique sugirió que nos fuesemos a desayunar, así que allí fuimos. Más tarde comenzaría otra clase, en la que sí que vendría el profesor (cálculo). Menos mal que sólo dimos 45 minutos, porque más tiempo ese primer día sería más que mortal.
Por último de todo, ya por la tarde (teníamos clase de dibujo, anda la gracia) conocimos a Pablo, muy simpático, y resulta que a partir del lunes siguiente tenemos clase de... ¡9 a 21 horas! Para morirse. Luego ya me pude desahogar en el gimnasio, pero ese primer día en la universidad no fué el mejor, es más, los de Obras Públicas no lo olvidaremos fácilmente.
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